Una enfermedad de doble cara

Trastorno Bipolar: Qué Es, Síntomas, Tipos y Tratamiento

¿Has oído llamar al trastorno bipolar «una enfermedad de doble cara»?

Es una descripción muy extendida, y también el origen de uno de los malentendidos más frecuentes sobre esta condición.

Porque el trastorno bipolar no consiste en tener dos personalidades. Es una condición médica que afecta al estado de ánimo, y en este artículo vamos a explicarte en qué consiste realmente: cómo se manifiesta, cuántos tipos existen, cómo se diagnostica y qué tratamientos han demostrado funcionar.

Si te reconoces en algo de lo que leas, o si piensas en alguien cercano mientras lo lees, al final encontrarás qué hacer y a dónde acudir.

Qué es el trastorno bipolar

El trastorno bipolar —también llamado desorden bipolar o trastorno afectivo bipolar— es una condición de salud mental caracterizada por cambios intensos en el estado de ánimo, la energía y la capacidad de funcionar en el día a día.

Esos cambios no son los altibajos que todos experimentamos. Se presentan en episodios que pueden durar días o semanas, y durante ellos la persona siente, piensa y actúa de forma marcadamente distinta a como es habitualmente.

 

No es doble personalidad

Conviene despejar esto desde el principio, porque la confusión es muy común.

La expresión «enfermedad de doble cara» sugiere que la persona alterna entre dos identidades. No es así. Eso describiría al trastorno de identidad disociativo, que es una condición completamente diferente.

En el trastorno bipolar la persona sigue siendo la misma. Lo que cambia es su estado de ánimo, que oscila entre dos polos: episodios de manía o hipomanía por un lado, y episodios de depresión por otro. Entre unos y otros suele haber periodos de estabilidad.

 

A cuántas personas afecta

Según la Organización Mundial de la Salud, el trastorno bipolar afecta a unos 40 millones de personas en todo el mundo.

Las estimaciones de prevalencia varían según el país y los criterios empleados, pero suelen situarse en torno al 1 % o 2 % de la población adulta a lo largo de la vida.

Un dato importante: el diagnóstico suele tardar años en llegar. Es habitual que la persona acuda a consulta durante un episodio depresivo —porque es cuando peor se siente— y reciba un diagnóstico de depresión, sin que los episodios de manía o hipomanía lleguen a mencionarse.

 

Los episodios de manía e hipomanía

Es la cara más visible y la que suele describirse cuando se habla de bipolaridad. Durante un episodio maníaco la persona puede experimentar:

  • Ánimo elevado o irritable, sostenido durante días. No siempre es euforia: en muchos casos predomina la irritabilidad y la baja tolerancia a que le lleven la contraria.
  • Menor necesidad de dormir, sin sensación de cansancio al día siguiente.
  • Habla acelerada y pensamientos que se atropellan unos a otros.
  • Sensación de grandiosidad o de capacidades excepcionales.
  • Aumento de la actividad: proyectos simultáneos, energía desbordada, dificultad para parar.
  • Conductas de riesgo: gastos desproporcionados, endeudamiento, decisiones impulsivas, consumo de alcohol o sustancias, comportamiento sexual sin las precauciones habituales.

La hipomanía presenta los mismos rasgos de forma más leve. No llega a alterar gravemente la vida laboral o social, y precisamente por eso pasa desapercibida con frecuencia: el entorno puede interpretarla como una racha especialmente buena o productiva.

 

Los episodios de depresión

Esta es la cara que menos se cuenta, y sin embargo es donde las personas con trastorno bipolar pasan más tiempo y donde se concentra el mayor riesgo.

Un episodio depresivo puede incluir:

  • Tristeza persistente o sensación de vacío durante la mayor parte del día.
  • Pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras.
  • Alteraciones del sueño: insomnio o exceso de sueño.
  • Cambios en el apetito y en el peso.
  • Fatiga y enlentecimiento, incluso para tareas sencillas.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Sentimientos de culpa o de inutilidad.
  • Pensamientos de muerte o suicidio.

Si reconoces este último punto en ti o en alguien cercano, no lo dejes pasar. Al final del artículo encontrarás a dónde acudir.

 

Los tipos de trastorno bipolar

No existe un único trastorno bipolar. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos distingue principalmente tres formas:

Trastorno bipolar I. Se define por la presencia de al menos un episodio maníaco completo, que puede requerir hospitalización. Habitualmente aparecen también episodios depresivos, aunque no son imprescindibles para el diagnóstico.

Trastorno bipolar II. Se caracteriza por la alternancia de episodios de hipomanía y episodios de depresión mayor. Nunca llega a producirse un episodio maníaco completo. No es una versión «leve» del tipo I: los episodios depresivos suelen ser largos e incapacitantes.

Ciclotimia. Oscilaciones del ánimo más leves pero crónicas, mantenidas durante al menos dos años, que no alcanzan la intensidad de un episodio maníaco o depresivo completo.

 

Cómo se diagnostica

No existe un análisis de sangre ni una prueba de imagen que confirme un trastorno bipolar. El diagnóstico es clínico: lo establece un profesional de salud mental mediante entrevista, historia detallada de los episodios y, con frecuencia, información aportada por familiares.

Ese matiz importa. Los episodios de hipomanía rara vez llevan a nadie a consulta —quien los vive suele sentirse bien— así que es fácil que no se mencionen si el profesional no pregunta expresamente por ellos.

Por eso los tests que circulan por internet no sirven para diagnosticar nada. Como mucho, pueden ayudarte a decidir que merece la pena pedir cita.

 

El tratamiento

El trastorno bipolar es una condición crónica, pero tratable. Con el tratamiento adecuado, muchas personas mantienen una vida laboral, familiar y social plena.

El abordaje habitual combina varios elementos:

Estabilizadores del ánimo. El carbonato de litio es el más conocido y sigue siendo un pilar del tratamiento, especialmente por su efecto sobre el riesgo suicida. Existen otras opciones, como el valproato o la lamotrigina, que el psiquiatra elige según el perfil de cada persona.

Antipsicóticos. Determinados fármacos de segunda generación se emplean tanto en episodios agudos como en el mantenimiento.

Psicoterapia. No es un complemento accesorio. La psicoeducación —aprender a reconocer las señales tempranas de un episodio—, la terapia cognitivo-conductual y las intervenciones familiares reducen de forma demostrada las recaídas.

Rutinas y sueño. La regularidad en los horarios de sueño es uno de los factores más determinantes en la estabilidad. Las alteraciones del descanso pueden anticipar o desencadenar un episodio. Cuidar la higiene del sueño —horarios estables, evitar pantallas antes de acostarse o recurrir a infusiones que favorecen la relajación— es un apoyo útil, pero nunca un sustituto del tratamiento pautado por un profesional.

 

Una advertencia importante sobre los antidepresivos

Tomar antidepresivos en solitario, sin un estabilizador del ánimo, puede desencadenar un episodio maníaco en una persona con trastorno bipolar.

Es una de las razones por las que el diagnóstico correcto resulta tan decisivo, y por las que nunca conviene automedicarse ni continuar un tratamiento que funcionó para otra persona. Puedes ampliar información en MedlinePlus, el servicio de información de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

 

Qué puedes hacer

Si te reconoces en lo que has leído, el paso útil es pedir cita con tu médico de cabecera y explicarle no solo cómo te sientes ahora, sino cómo han sido los últimos meses o años. Llevar anotados los periodos de ánimo alto y bajo, con fechas aproximadas, ayuda más de lo que parece.

Si piensas en alguien cercano, ten presente que durante un episodio maníaco la persona puede no percibir que algo va mal. Acompañar sin confrontar, y facilitar el acceso a atención profesional, suele ser más eficaz que intentar convencerla de que está enferma.

 

Cuándo buscar ayuda urgente

Si hay pensamientos de suicidio o de hacerse daño, no esperes a la próxima cita.

En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. En otros países, contacta con el número de emergencias local o acude al servicio de urgencias más cercano.

Si la persona en riesgo es alguien de tu entorno, no la dejes sola y retira de su alcance los medios con los que podría hacerse daño.

 

Aviso: este artículo tiene finalidad informativa y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Si crees que tú o alguien cercano puede tener un trastorno bipolar, consulta con tu médico o con un profesional de salud mental.

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